30.5.09

Mèrope

Mèrope

Galàctica confitura
de les maduixes més dolces,
els vidres que et conformen
són geomètricament perfectes
i tant suaus com estrambòtics

I tu, massa dolça per ser real
sembla que t'apagues
i tu, massa dolça per ser real
sembla que vas morint.

Llum irradiada a massa distància
però encara visible a l'ull nu
el teu pare encara suporta (a les esquenes)
les penes del mon
I tu, dolça però temerosa
brilles amb prudència, pagant el teu amor

I tu, massa dolça per ser real
sembla que t'apagues
i tu, massa dolça per ser real
sembla que vas morint.

Qui gaudiria d'un mortal tenint un deu?
Ell, agoserat, pagarà la pena i
carregarà esferes, com el teu pare
I tu, massa dolça per ser real,
cuidaràs de tots els seus germans.

Desde el firmament, allà a les Pleiades.

I tu, massa dolça per ser real
sembla que t'apagues
i tu, massa dolça per ser real
sembla que vas morint.

29.5.09

A corazón abierto


En abril escribí un poema que se titulaba “Octubre”.

Estamos en abril y es otoño. Los dedos no dejan de agitarse para alejar las sucias hojas que se agarran a ellos. Los árboles, poco a poco, se van deshaciendo de sus viejos ropajes. Es otoño y abril, y hoy soy pelirroja. He estado dos horas muñendo una vaca y le he maullado a un perro que quería comérseme.

Escribo con mi única mano, ay, manca de mí.

He perdido mi mano izquierda cuando he empezado a estirarme y a estirarme, hasta conseguir alargarme. Y tanto me he alongado que he perdido la noción del espacio-tiempo. Y cada vez más fina, he empezado a dar vueltas y vueltas, y yo no sabía que el aire me hacía hacer formas en el cielo. Y así, bailando con el silbido de las nubes durante horas y horas, he pasado a ser una única línea suave, muy suave, fina, ligera y delicada.

Y, justo cuando pensaba que iba a desaparecer y que yo, que sólo era una línea, me iba a fundir en el aire, lo que quedaba de mi cabeza se ha juntado con lo que quedaba de mis pies; y tatatachán, ha ocurrido el milagro:

Circunferencia perfecta, una sola línea volando por el aire, y en el instante vacío del sintiempo...

…Ha llegado el gregal y ha expirado una sutil y mansa ráfaga de aire en mi parte superior; ha sido entonces cuando me he convertido en corazón.




19.5.09

Un bar de mentiras

Escuchando a un hombre que se bebía un café me di cuenta de qué era lo que se crecía alrededor de mí: una bocanada de aire frío que no helaba pero que hacía encoger los huesos a cualquier ser humano poco astuto. Las gentes del lugar eran diferentes y lejanas: un hombre que jugaba a la tragaperra llevaba primero una larga coleta, hasta la cintura, pero luego desaparecía para volverle a crecer al instante; dos estetas con un cuaderno de arte se sentaban y se miraban los idénticos bigotes de pintor convencional de los años setenta; dos mujeres que parecían tener como oficio trabajos aún considerados indignos chismorreaban como cotorras; un tipo que escuchaba música sin calidad técnica los fines de semana precisamente se leía un libro bastante interesante; un padre y un hijo hablaban de cosas de familia; un hombre con traje azul y corbata incolora se sentaba frente a una muchacha invisible y, por último, una tipa, congelada por el céfiro que se aventuraba, escuchaba a aquel hombre que se bebía el segundo café del día.

La camarera en blanco y negro iba repartiendo cafés todo el tiempo, cientos de cafés que se le caían torpemente y cuyo líquido estaba empezando a inundar el bar. El líquido marrón, del color del barro, y la azúcar blanca estaban llenando las paredes del lugar, subiendo por estas como si se tratara de un mar que de tanto salpicar las rocas se ha descontrolado. Y todos siguieron con su papel, con su rol social de un mediodía cualquiera en un miércoles más.

Y resulta que el hálito que terminó con el mundo le trajo un carboncillo a la muchacha, pero no os lo ha querido dibujar. Lo escribió.

7.5.09

navaja suiza

Hermión llegó sonrisa en boca al trabajo. No es que le hubiera perdonado su mujer, ni que hubiera minvado su jaqueca habitual, ni tan siquiera que esa noche hubiera dormido mejor que la anterior; el motivo era su nuevo teléfono móbil. Dejó caer suavemente su chaqueta sobre el respaldo de la silla y, controlando sutilmente que todos los compañeros le miraran, sacó el aparato y lo dejó encima de su mesa. El primer comentario no tardó en salir de la boca de Eutenasio: - Hombre señor Hernández que teléfono más moderno se ha comprado, como se nota que su salario es el más alto de la oficina... Como mínimo este teléfono habrá costado unos 400€ -Sí, bueno en realidad 500€... pero tiene de todo, me han asegurado que es el mejor que hay en el mercado, una auténtica bestia! - ¿¡Como mínimo tendrá interné, no!? -¿Interné? buah... interné, blutu, gepeese, refigeración líquida, para ver vídeos... todo lo que puedas imaginar -¡Que grande es jefe! Y, ¿ya ha probado de llamar para ver como se oye? -¿Llamar? Que anticuado estás Eute, eso ya no se lleva.

6.5.09

Don núm 1

Mentía por compulsión, como si fuera un Narciso esquizofrénico. Una vez empezaba tenía que continuar saltando de un nenúfar flotante a otro, pasando sobre mentiras que apenas podían sostenerse a si mismas como para sostenerlo a él. Mentía con egotismo e ingenuidad, pues creía que para cada cual debía tejer una red a medida. En cada salto salpicaban algunas gotas que eran la pizca de verdad justa para redimirse de las mentiras anteriores. Pretendía estar empapado de agua clara pero su fugacidad lo mantenía a salvo de mojarse. Huía rompiendo la quietud del estanque, escapándose de las aterradoras imágenes que al paso dibujaba su propia figura en el agua, de nenúfares que se mecían turbulentes. Se mentía a si mismo y se hundía sin saberlo. Narciso nos aburría a mí y al resto. Era falaz fingiendo ser modesto.

4.5.09

Despedida

Estresada, la mujer miraba por la ventana. Desde su posición, en la tercera planta de un viejo edificio, podía ver su calle hasta la esquina por la izquierda, y hasta ciento cincuenta metros por la derecha, desde donde llegaría el coche que esperaba. No era una hora de mucho tráfico, lo que le permitió entretenerse contando cuántos automóviles blancos pasaban en comparación con los de otros coches. Treinta y cuatro era el número que hacía el de Roberto. Lo vio dejarlo en segunda fila con los warnings puestos, bajar del coche y perderse su cabeza al entrar en el portal. Oyó el ascensor. Esperó, pero no se detuvo en su planta. Extrañada salió al pasillo. Roberto subía por las escaleras, resoplando. Al verle, sólo atinó a decir –Ya no estás en edad de hacer tanto ejercicio, una día te dará algo. Y date prisa aunque sea por una vez, la maleta está en el vestidor y mi avión sale en menos de dos horas.
Él, mirándola con cierta ternura le dijo
–Esperaba que la despedida hubiera sido diferente.

30.4.09

Típico sueño americano

Es el típico sueño americano. Hacerte rico con algo que no requiera mucho esfuerzo, comprar un deportivo y hacerte un hueco en la sociedad del alto copete, empezar a meterte coca, luego hacerlo 4 o 5 días a la semana. Entablar una relación con una mujer de bandera, también cocainómana (que ese sea el único vínculo a poder ser). Después de un año y media antártida de nieve, romper con ella. Caer en un bucle depresivo compulsivo en tu casa nueva, unifamiliar y de diseño, y meterte coca desde el almuerzo hasta la cena. Entre medio que caiga alguna puta. Probar algo más. El primer jaco. Y el segundo, tercero, y hasta perder la cuenta y casi la vida. Replanteártelo después de la sobredosis. Retirarte, gracias a las rentas mermadas hasta el raquitismo por el consumo, encontrar a una mujer en drogadictos anónimos con la que tener dos hijos, la parejita, y una tranquila e insignificante vida hasta la muerte.

29.4.09

Taquilla 1219

Nací hombre, pero siempre quise ser mujer. No tuve más remedio que salir del armario y convertirme en homosexual, o lo que comúnmente y de manera quizás algo desdeñosa las malas lenguas aclaman como marica.
Salí con más de cuarenta minutos de retraso del maldito médico de la Seguridad Social que me dio la denigrada noticia. Un gay sero positivo más. Así, no me quedó otra opción que, totalmente desolado, antes de escuchar que mi estado era ya avanzado y no podía recetarme medicación alguna, cerrar de un portazo la puerta del doctor Cugat e intentar vivir al máximo cada segundo que pasaba para que no se convirtiera en la manera más estúpida e inútil de malgastar el tiempo, mi tiempo, mi vida.

Bajé las escaleras del segundo piso del ambulatorio de color verde hospital. Cantidad de inenarrables olores intensos y áridos invadían mis fosas nasales, que veían como de manera perturbadora iban captando la fragancia de las grises ropas de ancianos que ocupaban todos los bancos y sillas de la sala.
Pasando por el rellano del primer piso me topé, despistado, con cien mil carritos de bebés, que componían benévolamente mediante lloros y chillidos una sinfonía apta sólo para padres cardíacos.

Decidí deambular por la ciudad sin destino meditado. Los pensamientos que rondaban mi cabeza se dividían, por una parte me sentía como la persona más imbécil del mundo, pero otra, más imprudente e impetuosa sabía que debía aprovechar el tiempo que me quedaba de vida al máximo. Sin motivaciones para pararme a pensar, como de costumbre, reaccioné de manera audaz. Me decanté una vez más por lo sencillo, por lo frágil e insípido, por el placer.
Cogí el metro, adentrándome sin pagar en el inmenso y silencioso mundo subterráneo, si no fuera por las melodías de desvergonzados cantautores que llenan de vida pasillos y estaciones a cambio de algún triste y lacio céntimo. Entré en el vagón y me convertí en el centro de atención de algunas miradas atónitas. No era de extrañar, solía vestir con un estilo alocado, ropas ajustadas de colores chirriantes y zapatos de nylon. Lucía mi peinado estrella, el pelo totalmente engominado y en punta, como si hubiera expuesto mis dedos a 220 voltios. Cejas depiladas. Pendientes, anillos y demás adornos y bisuterías resplandecían con ímpetu bajo la luz de los fluorescentes. Y colonia, mucha colonia, de la buena.
En pocos minutos me planté en la estación de Châtelet Les Halles, en el centro de París. Salí del metro después de perderme en los laberínticos pasadizos. La gente seguía observándome y probablemente juzgando mi sexualidad e incluso, mi vida. Pero no me importaba, fiel a mi particular manera de verla caminaba rápido y erguido. Eso sí, la posición de las manos, el ligero movimiento pélvico y la voz delataban y hacían evidente lo irrebatible.

Busqué un lugar del que un amigo algo sigiloso y entre la más estricta de las conversaciones me había hablado hacía algunas semanas. Me asombró que entre dos amigos homosexuales existieran esas distancias, tabúes y secretos que desmerecieran esa reciprocidad entre nosotros. Sin merodear la zona fui directo al local. No era necesario inspeccionar sus alrededores, lo interesante estaba allí dentro. Y cada vez anhelaba más entrar, desahogarme y expulsar activa o pasivamente exhausto y sin recelos la rabia que encomendaba.
Un simpático joven, al parecer nórdico y de no más de veinticinco años me recibió muy amablemente en una sala amplia, con aroma acaramelado, llena de luz y frialdad. Nos separaban a penas cincuenta centímetros, mientras tomaba mis datos, sentado tras esa alargada mesa de nogal. Una tenue canción de Barry White hacía que el silencio en la conversación fuese más plácido. Sus ojos eran verdes y su voz suave platicaba un francés imperfecto. Lástima que fuera él el recepcionista porque era monísimo. Después del breve diálogo me dio dos toallas, unas zapatillas de piscina y una pulsera azul marino con las llaves número 1219.
Abrí la puerta del vestuario y busqué nervioso e impaciente entre las tres paredes de taquillas. Allí estaba la mía. En la estancia no había más que un señor desnudo, algo canoso y desgastado sentado en una banqueta. Aunque parezca sorprendente creo que ni me vio entrar. Estaba petrificado, como si de una estatua se tratase. Ojos cerrados, inmóvil, yermo.
No obstante, sin pudor me quité los zapatos, los vaqueros ajustados y la camisa, dejándolo doblado todo en el interior. Cerré la puerta con llave y una vez desnudo me miré haciendo caras de chico interesante en el espejo durante escasos cinco segundos, ojeé extrañado si el abuelo seguía intacto y me dirigí hacia las duchas. Un rectángulo también azul marino con letras blancas informaban y dirigían hacía la derecha la “sala principal”. Seguí con tímidos pasos adelante hasta pasar por una puerta de tiras de plástico, que resguardaban la temperatura del lugar. La piel empezaba a sentirse arropada por el vaho, el calor aturdía mis sentidos y empezaba a sentirme observado. La luz pareció apagarse, hasta que mis pupilas se acomodaron y adaptaron a la tenue luz que alumbraba el lugar. Grandes velas colaboraban con la causa, además de crear un ambiente envidiable y romántico. Muchos chicos, con las mismas zapatillas, toallas y pulseras que yo. Todos desnudos. Hablándose en silencio con suntuosos juegos de miradas. A mano izquierda la sauna, a la derecha el baño turco y recto la barra de un bar con camareros de gimnasio en bañadores cortos. Había también un cartel que indicaba dónde estaban los “cuartos oscuros”, numerados del uno al diez.
Me sentí durante más de tres minutos aturdido, desubicado, confundido. Jóvenes y ancianos, flacos y gordos, feos y guapos, todos estaban unidos en aquél lugar para dar y recibir placer. Como si de una secta se tratara. Sin embargo, no rezaban ni creían en ningún ser divino que puede o no existir más allá del firmamento, ni siquiera creían que la presa a la que acechaban les gustaba. Allí todos buscábamos sexo. Sólo sexo. Para recrearnos y fantasear, tal y como los heteros hacéis mientras imagináis vuestro último polvo y os masturbáis, pero sin que ronden imágenes superfluas y transparentes por nuestra mente, en vivo y en directo.

Empezaba a sentirme cómodo entre tantos hombres, tipos que podrían haber sido vecinos míos, profesores o incluso, algún compañero de trabajo.
Me adentré en la sauna, el penetrante olor a eucalipto refrescaba mis pulmones y los de los que estaban dentro de esa enorme caja de maderas perfectamente alineadas. Mis respiraciones profundas acompañaban guiños, contemplando sin pestañear a un yogurín que tímidamente me devolvía las miradas cada ciertos segundos y que imprimía, bajo su toalla blanca un gran miembro. Me sentía cruel al pensar que le destrozaría la vida, que él también cerraría de un portazo al de oír la noticia de su médico de cabecera, pero sin darme tiempo a más, con un rápido gesto con el cuello inclinando la cabeza me incitó a salir de la acalorada sala. Abrió la puerta de cristal con delicadeza, a sabiendas que yo estaba justo detrás de él pero sin girarse para cerciorarse. Le seguí hasta que entró en uno de esos cuartos, el número seis, en los que reina la oscuridad y en los que tan sólo había un espejo y un pequeño muro de hormigón para hacer realidad fantasías.

Sin decir una palabra se avanzó jadeando hasta mi encuentro, pues yo permanecía tan inmóvil como el viejo del vestuario, se lanzó contra mí y me besó introduciendo su lengua hasta mis amígdalas. Su suave tacto acariciaba mis músculos, para aquél entonces ya algo desnutridos. Entre la penumbra veía cómo me miraba fijamente después de cada beso. No hablaba, ni siquiera murmuraba. Sentía como nuestros cuerpos sudados se unían, chorreando incansablemente, gimiendo en cada impulso, gozando de cada parte de nuestro organismo. Sólo se escuchaban sollozos y gritos de mi acobardamiento ante mi excitación al tener dentro algo tan grande. Nada es obsceno si proviene del deseo. Nos besábamos, mordíamos, golpeábamos y enculábamos mirándonos al espejo. El uno al otro y viceversa. Probamos con muchas posturas y disfrutamos durante más de hora y media del placer de penetrar sin querer, de ser querido sin tener que querer.
Sin decir nada y con serios síntomas de complicidad decidimos parar. Cruzamos nuestras miradas dibujando ambos pícaras sonrisas, abrí la puerta dirigiéndome al baño turco a descansar un rato. Él no sé dónde se marchó, pero sí que sé dónde acabó…

26.4.09

Sky is your limit

El que persevera, alcanza;
Se pueden romper, las leyes que rigen la balanza.
Lucha por cumplir tu
Sueño que las vidas no tienen más que un dueño.
 
Lá media no debe hacerte mella, 
Ya estés por encima, o por debajo de ella.
No te conformes con superar,
Anima al resto a coronar,
Una media, que no será la cima,
Sólo, la meta más vecina.
 
Estudiante, Whorf; Maestro, Sapir,
"Nuestra lengua rige nuestra forma de sentir"
Pues que los fallos sirvan para DERROCARTE
Del pequeño acantilado al immenso mar;
Una caída, que tal vez te hará llorar,
Pero mil visiones va a destaparte.
El español, da la vuelta,
El inglés, adverbializa la circumferencia,
6 millares de visiones; 1 esencia,
Si se quiere, se puede...doblar la recta.
 
Un pueblo que relega el talento,
Que valora al que se esfuerza
Y la fuerza que se pone en el momento,
Encomendó su destino al viento divino.
La cosa, salió bien 
Pero, fue la vez una entre cien.
Cuando el mundo ha vuelto a no ir fino,
Repetir ha sido un desatino.
No regales a los dioses tu futuro
Aunque te parezca duro;
No han demostrado que existen,
Y "gracias" a uno de ellos, 
Ama-niños, impunes, de blanco visten.
 
Si das más de lo que puedes dar,
Rezar nunca va a ser lo mejor que hacer.
El trabajo duro consigue que al "mejor"
Se le grabe, que aprenda con dolor
Que aún le queda un buen trecho,
Y que no tiene derecho a sacar tanto pecho.
 
El que persevera, alcanza;
Puedes romper, las leyes que rigen la balanza.
Lucha por cumplir tu
Sueño que las vidas no tienen más que un dueño.
 
                                                  Demurral

Escrit enviat com a col·laboració que teniem pendent de postejar. Merci!

25.4.09

Agua.

No era la madre que utilizaba la foto de sus hijos como marca páginas, aunque su edad se lo hubiera permitido, ni le importó que la sangre le calara dando fuerzas al viejo sobre el mar. No lo era.

No estaba afincada en la rutina como parapeto, que permite la intimidad en un lugar tan público, lo que la decantaba sobre el total de las incoherencias que llenaban el vagón. No lo estaba.

No miró a nadie de delante en busca de preguntas después de retozar con el sabor del tercer mundo, ni sintió ningún aullido, exhalado ni asmático; tampoco hubiera cambiado las cosas. No los miró.

No se inmutó mientras levantaba el suelo con sus ojos hacia arriba, hacia adentro y hasta ninguna parte, ni se molestó en devolverle la sangre de entre sus labios porque ahora era suya, como cada una de sus lágrimas. No lo hizo.

No recogió las cajas de cds que quedaron esparcidas por el suelo como turcos sin cabeza, ni ninguna de las balas de cinco y diez euros de la alfombra roja ante sus pies. No lo hizo.

No respondió al maquinista que le preguntaba, ya casi a la sombra, mientras corría, ni le miró ofreciéndole una lima, ni le hizo levantar la mano derecha, ni sintió su aliento presionando sobre lo que quedaba de cuerpo. No lo hizo.

No.
No lo hizo.

Título imposible

Son de esos escritos que no pueden llevar título porque hablan de todo.. y de nada también :)


Tú, yo y el silencio.
tú, yo, el silencio y el sonido de un beso.

Sobre el negro no se puede pintar, mi vida,
sólo borrar,
borrar cascadas,
dibujar ríos que van al silencio,
cabales de besos,
bosques de amores.
¡Nosotros!, vosotros sois nosotros,
y nosotros vosotros,
yo y tú,
tú y yo,
nosotros los dos,
el río en silencio
y el cielo silbando.

La leche de la llave de metal,
tuberías de fuego,
canela de sangre.
Y tú que no paras de pintar sobre negro,
todos los colores
y ningún color,
sin luz,
pero con luz mi alma,
negra, como el cubierto de la llave,
de metal, por supuesto,
plateada como el gris,
como el humo ciudadano,
aunque mejor diría,
como el ciudadano ahogado.

Sin fe,
el silencio nos acoge moribundos a sus garras,
callar y callar,
zarpar sobre zarpas;
la soledad se alivia con un sólo suspiro,
y con amor.

Amor de raíces,
tú y yo,
nosotros somos ellos
y vosotros también,
y yo soy ellos
y tú eres ellos,
pero ¿ellos quiénes son?
piruetas del tiempo,
los hombres grises de aquella novela olvidada,
sin nombre,
anónimo el autor de las palabras muertas
-muertas, porque generan trance,
y martirio;
vivas, porque aún respiran-.

Todos somos ellos
y ellos no son nadie,
burbuja burbuja,
grandiosa burbuja de humo, ¡grandiosa!
Tremendo vacío colosal negro.

21.4.09

Kilómetro 134

Llevas tres o cuatro horas viendo paisajes pasar por la ventanilla. Entonces, como por arte de magia, el mundo te parece haber sido pintado al óleo. La luz, tú, o quién sabe qué... pero sólo por eso te vale la pena el viaje.

fam

a Em vaig menjar el món i em vaig passar tres dies al llit amb indigestió.

18.4.09

Alguna cosa

No sé molt bé que escriure. La veritat es que fa dies que una veu al cap (de les moltes que desafortunadament hi tinc sovint) em parla d’escriure. I es clar, el reste de la cambra del congrés que tinc sobre les espatlles divaga, com sempre. Uns diuen “Si si, estàs cridat a escriure un llibre que alliberi la humanitat dels seus mals” un altra veu diu “…i que t’alliberi a tu de la maledicció que tens per aconseguir diners!”. Per altra banda uns opinen “Escriure, una gran teràpia, va molt bé per buidar-te i fer neteja” mentre un altre sector diu “Escriure? Bah, ni en saps, ni serveix per res i a més, ni tant sols arribaràs a fer-ho...com la major part de les idees que et passen pel cap”.

Aquesta imatge de parlament primitiu al meu cap sovint em recorda a Matrix; Quan el Neo està a la sala de l’arquitecte i l’envolten centenars de pantalles de televisió on es veu a si mateix en multituds de facetes, expressions i reaccions. Però el que més em preocupa d’aquest orgue de gats que duc dins, són les coses en les que totes les veus es posen d’acord...o pitjor encara, les coses que es donen per sabudes.

M’explico: Ben poques veus dins el meu cap posen en dubte que tinc un problema per a guanyar diners. Poques o més aviat cap posen en dubte que tinc una faceta tempestuosa i grisa: una especie de casaca d’heroi derruït per les onades de la vida, que s’aixeca però sabent que tornarà a caure i tornarà a aixecar-se i cada cop ho farà amb les vestidures més esparracades i amb el somriure més ferit. Tampoc hi ha gaires dissidents dins meu que s’atreveixin a qüestionar que sóc una persona poc activa. I fa temps que cap veu s’alça per dir “Debatem les inseguretats del nostre hoste! De veritat es i serà sempre insegur de si mateix?”.

La reflexió a la que em porta tot això, es que les afirmacions que estan a debat, en certa mida i amb major o menor esforç, han de ser aprovades per mi -aquesta mena de dirigent superat per les circumstàncies que sóc de mi mateix- i per tant, tinc capacitat per decidir si faig cas a aquesta perversa reunió de multiples “jo” o si més no, a quina facció faig cas. La proba es que estic escrivint, per tant, he optat per donar valor a les afirmacions de la facció terapèutica.

L’impediment, pel contrari, es quan no hi ha cap veu alternativa i el missatge –amb tot de matisos- es simplifica en “no pots”/”no podràs”/”no ets capaç”. Però hi ha una cosa pitjor; Les idees que no estan a debat. Les assumpcions d’irrefutibilitat en algunes qüestions que ja he comentat.

Fa temps que vaig entendre intel•lectualment que la responsabilitat de la meva experiència vital, només recau en mi mateix. No fa tant de temps que en sóc conscient. Però sembla que l’espurna que ha d’engegar el motor no arriba mai. Sembla que espero eternament el dia en el que despertaré i podré ser algú nou. El dia en el que faré un cop d’estat i cap d’aquestes veus tornarà a sonar dins el meu cap, perquè hauré discernit quina de totes es la meva veritable veu. Espero un raig del cel que m’il•lumini i em tregui de sobre la falta de pro-activitat, l’excés de diàleg intern, el masoquisme de maltractar-me amb un nivell exquisit d’intel•ligència que, emprat en altres qüestions podria ser molt útil, la certesa de que tants cops com m’aixequi tornaré a caure...en definitiva, espero la llum que trencarà el meu astut ego i em deixarà ser jo, sense parlar-me més de mi, sense jutjar-me, sense limitar-me i per tant, podent oferir el que sigui que he vingut oferir a qui sigui que ho he d’oferir.

Si tingués un port USB sota la pell hi connectaria una impressora i imprimiria un llistat de totes les creences que mantinc sobre mi i que encara no he posat en dubte. I em fa por que acabés amb tots els arbres del món al fer-ho. Em fa por saber que hi ha mil consignes dins meu que em limiten i em caricaturitzen, que em fan victima i em condemnen i no tenir-hi accés. En el fons, el que em fa ràbia es tenir-les dins sense haver-les triat.

I es en aquest punt en el que fàcil –i condescendentment- condemno a aquells que el dit assenyalador indica com a culpables. Escola, mitjans, polítics, corporacions, religió, coneguts, familiars i la llista pot continuar tant com ho pot fer un ressentiment, que no es més que pujar corrent unes escales que no porten enlloc.

Els moments més feliços de la meva vida he estat present. Els moments en els que he estat present, han sigut els més feliços de la meva vida. M’explico. Els moments on el meu cervell s’ha hagut d’encendre per adonar-se racionalment de que em sentia ple, invencible, afortunat i gloriós eren els moments on el cervell restava en segon (o tercer, o quart) plà.

Com faig que aquests moments de veritable vida no siguin només accidents afortunats? Com aconsegueixo viure en un etern present si tot el que faig es projectar un futur en el que podré gaudir-ne? Com faig gran i més gran i més present, aquesta escletxa de llum que –i em sento agraït per això- m’ha fet veure que es pot Ser, més enllà de fingir o pensar que ets?

Suposo que a falta de rajos cegadors de llum provinents del cel que em deixin ser jo mateix, converteixo el present en un projecte a llarg plaç. Suposo que aquest cervell tant ràpid que tinc, encara no el puc considerar una sort perquè segueix actuant en contra meu la major part del temps. I es clar, si quan em fa mal l’esquena, m’enfado amb ella, com no he d’estar enfadat amb el meu jo racional? I em dic allò que tants cops he dit abans a d’altres. Com pretens estar bé si hi ha parts de tu que no vols, parts que rebutges o negues?

I aquí ve el vertigen. Les múltiples veus de l’ego sobre-protector s’engeguen per dir-me coses com “A veure si descobriràs quelcom de tu que no t’agradarà!” i de fons escolto la vella frase, la que jo, ingenu, ja donava per morta i probablement alimento encara, tot mirant cap una altra banda: “A veure si t’adonaràs, tu i tothom, del frau que ets!”

T’imploro estimat ego, que deixis de posar-me perills on no hi són, per tal de seguir protegint-me. Et demano amb l’amor que mai ho he fet, que acceptis el teu nou lloc i no generis més pors, impediments o amenaces, només per no quedar-te sense feina. Si no ho podem fer tu i jo junts...com se suposa que ho ha de fer el món? Com se suposa que els que viuen de la guerra han de deixar de fer-ho, si ni tant sols jo puc, perquè una part de mi té por de quedar-se sense encàrrecs de protecció? Valoro molt la feina que has fet per mi al llarg de la vida i de les vides que ja dec haver viscut. Sé perfectament i potser es el primer cop que t’ho dic, que m’has salvat la vida en moltes ocasions i des d’aquest agraïment, et demano romandre alerta per quan et necessiti, però que mai més m’inmobilitzis per por a ser oblidat i menystingut.

Avui, 16 d’abril de 2009, et demano que anem junts de la mà, però en la mateixa direcció.

Roger Mercader, Berlin.

13.4.09

Naranja

Ala, dues entrades de cop :).



Correr, saltar y erguir el cuerpo,
encadenado lanzándose hacia la cúpula terrestre
y amar, saltar y suspirar tan fuerte
como el viento sopla, como el viento espanta,
vendaval, vendaval, vendaval
que traes lluvia a tus pies;
lluviar y mojar paraguas.

Naranja, naranja,
el paraguas salió volando hacia el cielo,
también quería correr, saltar, y ¡venga!
¡Yérguete, paraguas, hacia la cúspide celestial!,
¡tú llegarás!,
tú sobrepasarás los límites de tus hierros andrajosos.

Oxidado estás, enmohecido,
con un ovillo enredado;
el gato pisó la madeja,
falso, se regocijó en ella,
y saltó tal maraña a los lingotes,
a las espadas del paraguas naranja.
Vuélvete azul,
camaleón del cielo.

Y cuando ya veía los pájaros volar cerca de él,
cuando ya había olvidado el humo de Barcelona,
cuando no recordaba que en un tiempo fue paraguas,
la mozuela lo asió y apuñándolo en sus mano, lo bajó;
y así parece ser que el poema terminó.
Lo importante no es si nosotros creemos en Dios, sino si Dios cree en nosotros y, lo que es más importante, si Dios cree en sí mismo. La magia sí existe. Es en cuanto que cree ser y actúa en cuanto que creemos que actúa.
“¿La magia existe?” preguntó el niño al adulto. “Sí”, le respondió. “¿Y por qué en el cuento de Jerónimo dice que no?”, el niño replicaba. “Porque en los cuentos se cuentan muchas historias, (incluso que la magia no existe)”.
“La magia confía en sus propias cartas” murmuró el adulto. Pero el viejo, abatido, objetó que no hay carta que no funcione bajo el mandato del azar. Y Dios, que aunque no creía en ellos, sí confiaba en sí mismo, mascullando insultos los repudió, y mientras se marchaba (volando), decía para sus adentros: “la luz no es blanca ni en broma, vosotros queréis que sea blanca”.

7.4.09

Vida

Se'ls miraven amb cara de perplexitat, aquells llargs cabells negres havien sortit del no res en l'ample camp de patates. El marit assegurava que al dia anterior no havia vist absolutament res, més que quatre males herbes que va arrencar de socarrel. La dona sense acabar d'entendre res va agafar amb força els cabells i els va estirar enlaire fins que es sentí un crit fort i agut, era clar, allò era una persona. Van intentar parlar-hi, després del crit de dolor el més fàcil era que pronunciés alguna paraula més, però no hi va haver manera. Així que l'home que assegurava no haver vist res el dia anterior però que ara ja no n'estava tant segur, va agafar una pala i poc a poc va intentar treure la terra que envoltava el negre. Res, era tant dura com una pedra i qualsevol intent d'extreure aquella misteriosa criatura era del tot inútil. Va agafar el telèfon i quan estava a punt de clicar el primer digit de la central policial del poble, la dona que ja es començava a veure implicada en problemes que podrien tenir una mala repercussió pel seu futur, va agafar-li el mòbil i el va apagar (quantes preguntes i mals de caps els podia haver ocasionat aquella trucada!?) 


La Marta havia mort feia tant sols quatre dies, però les seves cendres havien de ser llençades al vent en poc temps, perquè així ho desitjava ella i així li havia demanat a en Quim qui, entre llàgrimes i gemecs agònics, havia acceptat de fer-li tal promesa sense, en aquell moment, parar-se a pensar que difícil seria agafar aquell grapat de pols, mirar-lo detingudament i regalar la seva estimada Marta al moviment, imperturbable, del vent, sabent que potser mai, més que en fotos, tornaria a veure el seu rostre somrient entre petó i petó.


El marit que ja no sabia què havia vist i què no, es va despertar quasi sense recordar el fet tant extraodinari del dia anterior. Va buscar la seva dona pertot, però no la va certar fins que mirà camp enllà, on s'havien trobat els cabells llargs. Corrent s'hi va apropar i agafant fort a la seva muller va veure que, del terra, ara en sortia un tros de front: un front petit però tendre, un front que quasi deixava entreveure algun pèl de cella. Van, entre els dos, tornar a intentar arrencar aquell cos de terra, estirant amb totes les forces, però, tal i com l'altre cop, no aconseguiren més efecte que un crit agut. Així que l'únic que podien fer era recollir les patates que tocava, deixant de banda els nervis i mirant de no fer-ne malbé cap. 


En la sisena nit, després de les cinc anteriors en vetlla, va somiar amb ella que tornava, que entrava per casa com qui res deixava el seu bolso de pell girada sobre la taula, agafava la tasa que posava Marta i es servia un tè amb llet mentre li explicava tot el que havia fet durant el dia, la gent que havia entrat a la botiga, la nova oferta de treball que li havien proposat, i mil coses més que, feia dues setmanes, no li haurien importat gaire més que de costum, però que en aquell dia va sobrevalorar tant que es va despertar, suat i treient el fetge amb una impulsiva vomitada.


Dia rere dia, ambdós observaven com, lentament, allò, que en un principi havien sigut solsament quatre cabells, anava adquirint la forma d'una persona, més concretament d'una nena. Als tres, quatre dies ja quasi va tenir destapada tota la cara. Uns ulls ben grossos i verds declaraven gran sorpresa al veure tant a l'home com a la dona. En sortir el nas, la nena agafà la màxima quantitat d'aire que el seu cos podia aguantar, amb petites i continuades espiracions i expiracions. La parella pensava que amb la boca aquella nena els podria explicar quelcom trascendent en el seu passat, per saber com havien d'actuar, però la nena no sabia parlar, només balbucejava sons inintel·ligibles i demanava, amb senyals prou contundents (es menjava la sorra), que tenia molta gana. Així que des d'aquell moment hi havia una boca més per alimentar.


El temps, en un principi perllongat infinitament per la trista anyorança, ara tornava a la seva normalitat fent d'aquella engoixa extrema, que oprimia el pit amb la tenecitat d'un convetent de les guerres vietnamites, una nova sensació d'optimisme, d'esperança a noves emocions i relacions, una obertura al món que li havia estat vedat per un canvi de la sort; per fi podia dormir i somniar.


De seguida la van portar al metge, a la Marta -doncs així la van batejar-, presentant-la com a una neboda llunyana que havia perdut a sa mare i no tenia on anar. L'home de bata blanca se la mirar de dalt a baix, investigant totes les parts del seu cos amb gran presició i dient, finalment, que la noia gaudia d'una salut de roure. 


Dins el calaix una carta: una carta de fa temps «estimada Marta, sé que poc et queda, que potser demà ja no et veuré; tu també ho saps i desglaces cada segon amb un somriure, regalant-me una nova vida... recordo quan, com una nena petita, em vas preguntar: "on van els arbres quan moren?"..."enlloc"... potser m'equivocava».

5.4.09

Gèlida princesa galàctica.

La primavera ha arribat a Berlin i allò que surt és una mica més lluminós... Petons per tots i sigueu benvinguts els nous! :)

Gèlida princesa galàctica.


Gèlida princesa
m'hipnotitza tant la teva presència
com la teva absència.

Eclipsi temporal
on sol i neu m'acompanyen,
en la travesia,
especial i espacial, més aviat galàctica
cap al pebre i la canyella.

El sucre dels teus llavis
i la sorra dels teus peus
i cauen llàgrimes de felicitat
en saber que sempre i mai
els vaixells flotaran lluny de casa,
però prop del cor.

És més aviat galàctica,
la sorra dels teus peus...
llunyana però suau i dolça.

La gespa reviu, després del gèlid temporal,
oi que vindràs a veure'm?
Andròmeda freda i compromesa.
M'hipnotitza tant la teva presència
com la teva absència.

Ets especial, espacial, més aviat galàctica
porta'm sorra dels teus peus
llunyana, però suau i dolça.

3.4.09

Referente

¿Negro?
Blanco.


¿Arriba?
Abajo.


¿Diferente?
...


No podríamos percibir la altura sin la
tranquilizadora línea del horizonte.
Pero, la superación desborda todas las
líneas mientras la creatividad la envidia;
y la lógica me ha contado al oído que el
escalón no siempre es vertical,
y suele estar dentro, no delante.


...
Referente.

2.4.09

El éxito paradójico

El tío era lo que se dice un perfecto imbécil.
Y muy sugestionable.
Se quiso suicidar con un frasco de pastillas placebo.
Y lo consiguió.

21.3.09

Pautes

Un esboç... no acabo d'estar gaire contenta amb ell, però bé... com que és el dia mundial de la poesia, us el regalo! :)


Pautes


Escric per no caure en picat
i tracto de seguir les línies
com pautes per la vida.

És absurd, ho se, tu fas la teva realitat
i en comptes de fer bojeries
et marques la travessia avorrida

Que vols trobar en aquest camí marcat
si no drames i penúries.
Trenca la pauta i troba una sortida.

13.3.09

De improviso

Había esperado hasta la tercera copa de un horrible vino para confesar, sonriendo con los dientes negros, que se acostaba con mi mujer.
Más entero que nunca, pedí el camino al excusado para recomponerme. Salí del bañó con el cinturón en la mano después de comprobar el agujero de emergencia (un ojal que tenía exactamente a poco menos de un cuello de la hebilla).
El cabrón lo puso difícil. Mientras lo arrastraba por el pasillo hacia el ascensor iba dejando un rastro rojo en la moqueta. Me pareció un gracioso glamour hollywoodiano. Llamé al ascensor y el indicador parpadeó interminablemente. Antes de que se abrieran las puertas miré de nuevo hacia el pasillo. Vi el reguero de sangre y que nadie, de momento, me había visto. Entré en el ascensor de espaldas manejando el cadáver con agilidad y marqué el botón del segundo sótano. Tendría veinte plantas para pensar en cómo encajar este segundo cuerpo en el maletero. Iba a estar difícil.
No sé si me di cuenta al tacto o por oír su respiración entrecortada pero supe que detrás de mí había alguien más en el ascensor. Tendría que haber hecho caso a Scorsese y haber cavado el hoyo antes de fabricar al muerto. Un tercer cadáver no cabría en el maletero de ninguna manera. Aguanté sin girarme unos instantes infinitos, quería pensar algo antes de tener que enfrentarme a ello. Sólo tres plantas, imposible. Desistí y me giré. Me flaquearon las piernas. Caí de rodillas en el suelo del ascensor. Todavía ahora me cuesta explicar la extraña emoción que me invadió. No sabia si reía, lloraba, o un poco de ambas.
Tampoco lo tenía muy claro el enano a cuya cabeza había pegado yo la mía. Tembloroso, alcanzó a decir -Tranquilí...- y noté como su frente resbalaba con el sudor de la mía, propulsado por un silencioso proyectil de 8mm. Su cráneo era un puzle esparcido por la caja y los de hematocinesis tendrían al día siguiente turno doble.
Cuando conseguí cerrar el maletero, con los dos cadáveres y los despojos del enano, sonreí y miré hacia arriba: Di gracias por que el mundo fuera tan jodidamente perfecto, por que todo encajara aunque sólo fuera en mi maletero.

Es como todo lo demás.

Mario era un muchacho normal, nacido de la efímera consumación de un drama cultural. De joven, tenía un gran grupo de amigos, quedaban cada festivo a las 11 a.m. para tomar algo y explicarse el mismo rollo de siempre. Él era el líder, todos lo sabían. Y lo aceptaban como tal, inducidos por una costumbre, por desgracia, generacional. Como el que es del Madrid de pequeño por costumbre familiar y de mayor sigue siéndolo.
Años más tarde, de viejos, cuando ya no estaban todos los que eran, se dieron cuenta que Mario ya no podía seguir siendo el guía y lo fueron dejando de lado. La asistencia a aquella reunión prácticamente pactada fue menguando, había algún fiel seguidor pero la asistencia bajaba notablemente día tras día. Unos ya no creían en él, otros tenían otras obligaciones y los demás porque ambas respuestas eran correctas.

Solución:

8.3.09

Arquitectura

Et despertes com un prat,
amb el cel desentel·lat,
una brisa lleu que travessa
els rajos d'un sol fastuós.

Tot seguit hi poses un edifici,
o millor una nau industrial,
dels teus problemes d'ahir,
de fa dos anys i del que ha de venir.

Ara ja no hi ha tant de sol,
però encara hi ha massa claror,
amuntegues ansietats, culpes i pors,
i de cop ja queda menys lloc.

I quan t'adones que les teves construccions,
ja han tapat la gespa, el sol i els seus fotons,
aleshores construeixes un col·legi,
una farmàcia i un hospital.

Tu penses que això et donarà llum,
i no t'adones que cada cop queda menys lloc,
que ja tens una ciutat o dues,
i pretens restar, mentre sumes i sumes.

No seria més fàcil no aixecar cap ciutat?
O potser has trobat un plaer amagat,
a contaminar el teu cap i contaminar-lo més.
per l'il·lusió de tenir-lo sanejat?

El teu cap es ple d'edificis,
i uns curen els maleficis,
i d'altres malegen amb artificis,
d'obrera ment plena de sacrificis.

Ja tens el mapa a la mà,
i et diu que aqui hi ha un prat,
quantes més ciutats hauràs d'edificar?
per seure, sentir el sol i descansar?

No em demanis més ciment,no em vull embrutar les mans,
tapant el sol, la gespa i els cants
d'ocells que et miren estranyats
mentre busques pau construint ciutats.

6.3.09

experiencias anales II

Lo volvió a hacer, me dijo, a la mañana siguiente. El dedo índice impregnado de aquella crema blanquinosa se adentraba entre la muchedumbre de un pelaje abrumador, adentrándose tímidamente en ese respetado destino. Estando ésta vez frente al espejo, desnudo, no titubeó si bien la entrada fue dura porque el orificio mostraba síntomas de cobardía. (el agujero) Estaba caliente.

Projecte conjunt 013

La vaig conèixer massa tard, a la nit. El món ballava sota els nostres peus borratxos, la lluna ens somreia i ens picava l'ullet. No obstant, vam saber arribar a l'hotelet on ella treballava. Hazte la simpática -em va xiuxiuejar ella-, sense semblar articular cap paraula però, això sí, somrient de galta a galta. Passar per davant de la recepció aguantant el riure encara ens del·latava més. El vell de darrera del taulell va mirar de sobte, però va perdonar-nos fent que tancava lleugerament els ulls. Esperàvem immòbils l'ascensor. La llum vermella del mateix bategava un sístole i diàstole incansable. En obrir-se la porta em va deixar passar amb un gest de complicitat que vaig entendre a la perfecció. Ja erem a dins. Una angoixosa capsa forrada d'algun color metàl·lic ens endinsava mentre les portes es tancàven en un abrumador i estrany silenci. De sobte vaig sentir com la seva mà esquerra, carinyosament, acariciava la meva galta també esquerra. L'ascensor pujava i pujava. Jo em mostrava tímida, però de sobte, en un moviment ràpid no vaig dubtar en petonejar-me amb ella com mai ho havia fet. Em sentia lliure i sent sincera, estava ardent. D'aquesta manera va començar tot. I així va acabar. Em vaig veure estirada al llit d'una habitació amb vistes al mar, tot enlluernat pel sol naixent i blancament nua. Bang! Ho havia fet. Instintivament i com guiada per un impuls elèctric. No hauria pogut continuar amb ella, extreia tanta bondat de mi que me n'hauria deixat sense. Els meus sentiments vivien una sensació de contradicció. Vaig sortir corrent d'aquella habitació mentre el fum i la pols abraçaven en la velocitat el braç executor garrativat. 'Hasta luego', li vaig dir al vell de l'entrada amb molta seguretat, com si res hagués passat. Als pocs minuts ja en tenia consciència. Pocs però insuficients, perque de res no va servir. La suavitat de la meva pell ja no hi era. Ni molt menys la de la seva. Sempre he pensat que el futur és aspre. Ara ja és setembre i les fulles enrogeixen. I tothom sap, que després d'això, els arbres es queden nus i comencen les vergonyes. Fa un fred estrany aquests dies. Una fulla a galta i galta a un banc amb el cafè calent entre les mans. El temps passa lentament, el rellotje antic de la cafeteria fa un tic-tac sossegat, però ja fa dues setmanes que ell va marxar, sol i distorsionat. Estava caminant, ara, per un camí ardu, amb la cara humida i els ulls entornats, encongides les seves ninetes com si cada dia aquella debilitat l'anés afligint més fins que acabés per deixar-lo quiet, paralitzat per sempre davant la vida. La infidelitat l'havia desfet. En canvi, semblava impermeable a la meva atrocitat dissimulada que, des de llavors, va en augment. M'agrada l'efimeritat.

4.3.09

El metrónomo

Un edificio grisáceo más a las afueras de la ciudad, una sola puerta blindada con el nombre de la empresa y un sólo botón en una chapa microperforada. Un par de minutos antes la décima confirmación a la cita por su parte, no hay elección.

Un hombre alto de pelo corto espera trajeado en el centro de la gran sala nada más abrir la puerta y, sin responder al saludo, agrede verbalmente:

-- “B. Arizmendia, supongo.”-- con la mirada perdida por encima de su cabeza.

Acto seguido abandona la sala sin que sepa siquiera si escuchó su respuesta y apenas con un “espere aquí” cerrando tras de si la puerta por la que sale.

En la habitación no hay más que una silla, colocada como por azar en un punto de la misma, es él, el que la coloca enfrentada a la puerta por la que se fue el hombre parco en palabras. Como también es él el que cierra la puerta, todavía abierta por la que entró justo antes de sentarse.

Tras una hora y cuarto esperando en una sala vacía iluminada por apenas un par de tragaluces, sin ni siquiera cuarto de baño, podría pedirle que se sacara un ojo con la estilográfica, que no ha movido ni una sola vez de su mano derecha. Uno cualquiera o el que considerara mejor ceder a la empresa, y él pensaría detenidamente cual, antes de hacerlo, por supuesto.

Sabe que hay una diferencia entre el azul de mi corbata y el de mis zapatos. Podría preguntarle exactamente cuanto tiempo ha pasado desde que entró sin temor a que errara.

Es un metrónomo. Definitivamente no me interesa.


Aquest text és la primera col·laboració que hem rebut, gràcies! L'autor és CARLOS NAVARRO

3.3.09

Trigésimo segundo abordaje

¿Es real que mi soplo a la brisa
pueda generar semejante oleaje?
Está para tirar, el casco de la nave.
-¡Oponeos al vendaval, aprisa!

-¡Tirad al mar todo el lastre!-
mi voz es fiel pero severa.
-¡Abandonar nos lleva delantera;
sed miel, si hay que ser postre!

-jajaja -me río de mi mismo-
"¡Llevar el cielo a hombros!"
Qué profundo el hipnotismo,
un desvarío de los hondos.

-¡Quizá un tablón os salve la vida!-
me encomiendo a la misma suerte
-Sentid la quemazón de la gran ida-
concluyo riendo a la muerte.

#1



Avui dimarts 3 de març, presentació de la revista 1 de a-bocajarro a l'escola de disseny Bau.
No obstant això, la podreu trobar en algún altre lloc de Barcelona i Granollers.

"lee y dinos algo. escribe y dinosaurio" Sr. Bocajarro Dixit.

2.3.09

el final del juicio

El verde hospital de las tres paredes que alcanzaban a ver mis ojos no parecía serenar lo suficiente a mis sentidos mientras esperaba impaciente en una pequeña habitación a desprenderme de una de las piezas de más renombre de la madurez.
Estuve unos cuatro minutos solo: tiempo suficiente para hacer un análisis exhaustivo del lugar. Observé con detenimiento la gran cantidad de herramientas y utensilios que no me atreví a tocar, pese a que llamaban mi atención (obvié que tuvieran que utilizarlos todos conmigo); el olfato captó olores prácticamente neutros y mi piel auguraba plácidamente una temperatura adecuada, dictada por un ventilador que runruneaba creando un monótono sonido entre canción y canción de un tenue hilo musical. Run-run. Run-run.
El techo era blanco y vestía alguna irrisoria grieta.
Entró la doctora y otra persona, pero no me giré. Seguía sentado e inmóvil en esa especie de silla pero a la vez tumbona, pues con pulsar un botón tomaba la posición oportuna. Unas breves, cordiales y tímidas frases irrumpían el tema musical del verano, que chirriaba constantemente en las sintonías más escuchadas.
En pocos segundos me vi tumbado, acotando mi punto de vista a una sola pared (el techo blanco) y no pude evitar volver a ver las grietas. Y a seguirlas de principio a fin, creando un recorrido uniforme y aleatorio como si de un río se tratase, con sus afluentes y estuarios.
Abrí ‘muy grande’ la boca (traducción del catalán -molt gran- que desconozco, pues debe de ser parte de la jerga y lenguaje técnico de la profesión de los de aquí). Con un bártulo alargado que disponía de un espejo redondo en el final, inspeccionó todas las piezas e iba dictando en qué estado estaban, aunque lo curioso es que no las nombraba por los nombres que desde pequeño me habían enseñado (incisivos, caninos, molares y premolares), sino que utilizaba números según la nomenclatura universal (del 1 al 32, de derecha a izquierda partiendo de la arcada superior para la dentición permanente y de la ‘A’ a la ‘T’ para la dentición temporal). La auxiliar, tomaba nota sin abrir boca. Yo sólo podía ver los ojos azules de la doctora, escondidos bajo el cristal de sus gafas de montura blanca. Sentía su respiración, quizás porque yo inspiraba y espiraba retraído. Me mandó cerrar la boca y se lo agradecí con un gesto humilde. Es increíble que un movimiento tan sencillo como el de abrir la boca pueda convertirse en tu peor adversario. Y eso sólo parecía ser el calentamiento.
Con una aguja de un tamaño que no pude ver me inyectó, después de haber abierto de nuevo la boca y sazonármela con un spray, una sustancia que sabía a veneno y que en escasos minutos hizo que parte de la lengua y del moflete dejaran de formar parte de mi cuerpo. Eso sí, en el momento del pinchazo noté sensaciones tan rápidas como recónditas, percibía la entrada de esa pócima secreta mientras ella apretaba con el pulgar en el extremo opuesto del aplicador de la aguja.
Me sentía como un estúpido muñeco de plástico con la boca abierta. Después de varios minutos de enjuagues y conversaciones rutinarias empezó con la extracción, algo engorrosa por mantener tanto rato la boca abierta pero a la vez poco dolorosa.
Yo me mantuve inmóvil mirando el techo, que seguía inerte ante el sonido de los aparatos de la doctora. En ocasiones miraba la luz que tenía justo en frente de los ojos y que perturbaba incansablemente a mis pupilas pero que a la vez, dejaba entrever los movimientos de los pequeños dedos enfundados de blanco de la dentista dentro del agujero. Estaba cansado. Quería cerrar la boca.
“Aquí está”, dijo exaltada. Más lo estaba yo.

experiencias anales

Que yo recuerde, me dijo, era la primera vez que lo hacía pero no sintió sensación alguna de malestar, ni dolor, ni siquiera la más mínima intención de querer parar. Aún así, tampoco sintió en ningún momento deseo de seguir haciéndolo. Mientras tanto, esa masa viscosa y espesa se introducía firmemente por el recto agujero. Fueron unos segundos de incertidumbre y confusión, pero seguía erguido y con una posición algo entusiasta. No dudó. Incluso repitió por si no hubiera entrado bien. La almorrana seguía haciendo estragos y ésta era la manera más lícita de llegar a su extinción.

Desconnectar

El dono per acabat... però podria no fer-ho.

Al poble no hi ha gaire res, tret del que tu vulguis trobar-hi, com a tot arreu. Carrerons que serpentegen amagan-te el seu final, portes tancades i persianes avall. Cada cop que penso en com n'és de fantasmagòrica la quietud amb aquest fred, apareixen ara un home gran que només deixa de mirar el terra per saludar-me, ara un quinqui amb el mòbil fent sonar un emapetres en veu alta, fora de lloc; ara una dona grassa amb el carro de la compra, que xiuxiueja amb una altra de més edat que treu el cap per una escletxa que hi ha al seu cau.
És curiós com el no res es nega a si mateix. Quan cap d'aquests personatges està en escena, llavors algun ocell canta breument o copso un miol llunyà. He sortit per poder fumar-me un cigarro perquè a casa dels sogres ho tinc prohibit. És tan poc el que hi ha al voltant, que en cada xarrupada el fum prèn un color diferent a la meva boca. A la capital, per la nit, amb la colla i els wisquis, els cigarros cauen l'un rere l'altre sense cap pena ni glòria. En canvi, tot i no haver-ne fumat cap en uns dies, amb aquest en tindré més que suficient. De vegades he esperat massa d'un únic cigarro, d'un llibre en concret, i l'esperança ha vessat el got que la podia contenir i, tot i ser ple, només me n'he adonat de la buidor del vessament. Encara queda mig camí i mig cigarro i ja frego l'orgasme creador. Torço a la dreta del·liberadament per allargar el camí i deixar-me seduir per la poca cosa d'aquestes poques cases. Sortir de casa només ha estat una excusa per trobar una motivació. No és que fumar me l'hagi trobada, però ha fet que el no res s'esfumés.
Si bé és cert que amb un cigarro semblava prou, ara que ja he ejaculat ben bé me'n fumaria un altre.

25.2.09

Terra movedissa

Tinc alguna cosa metàl·lica davant la cara. Cada cop que expiro, amb la punta del nas noto com s'hi adhereix el vaf. No sé què és perquè altres moltes coses s'hi amunteguen al voltant i no hi ha llum. Hauria de saber-ne alguna cosa més. Moc amb dificultat el braç, fent que aquest estrany univers que m'envolta es recol·loqui sorollosament. Els meus dits acaronen el buit i el meu cap genera la gravetat. Aparto el mig metre d'andròmines sota el que em trobo. M'incorporo. Fins on m'arriba la vista només hi ha un immens escampall d'objectes diversos, amb una superfície bastant enrasada que només pertorba el rastre de la meva espècie de resurrecció. Esbufego de cansament tan sols de pensar en com de lluny queda el que sigui que hi ha més enllà, i trio una direcció. Potser la menys fressada, la que em sembla més groga, o vermella; una com qualsevol. Em desequilibro quan, sota el primer pas, cruixeixen les varilles de vímet d'un globus de paper, que s'estripa. M'afermo. Em passa pel cap la opció de modificar el rumb que acabo de triar: no vull trepitjar res més. Viro uns quants graus però el panorama és similar. Faig un altre pas i peu a alguna cosa que trontolla. Malgrat haver de ser un pas amb cura, suportarà el meu pes. En faig un altre i alguna cosa espetega al terra. No vull mirar, si sé què és potser em sabrà greu. L'horitzó segueix inalterat. Un segon i camino. La meva marxa genera un soroll buit, com d'entrexocar de cranis.

24.2.09

Sense títol

Ceniza en la piel,
cera en los labios,
un murmullo a las estrellas.

Amarga la miel
de tus ojos incautos,
un suspiro a las estrellas.

23.2.09

sense

Aquest ja fa massa temps que estava amagat en una llibreta:

Una a una baixen en una acceleració constant de 9,8, deixant de banda forces de fregament del tot incertes. Descendeixen fins a topar contra una superfície la densitat de la qual les supera en escreix; i exploten. Es fonen en mil espurnes pluridireccionals que es converteixen en insignificancies en comparació del factor inicial.
Curiós. Aquesta podria ésser la descripció de gotes caient, descendint del paradís fins al món terrenal, modificant el seu estat dicí a la seva trista mort. Curiós. Si, aquesta podria ésser la descripció de gotes salades descendint per una galta envermellida que les deixa lliscar indiferentment fins a trobar-se en el seu final on modifiquen el seu estat de tristesa a un simple H2O.

22.2.09

Cama esquerra

La cama esquerra et comença a fer mal. Saps que no la tornaràs a tenir com sempre. Saps que no la podràs tornar a fer servir. Aniràs en una cadira de rodes, i faràs exercisis per enfortir l’altre cama. De tant en tant fins i tot podràs arribar a caminar normal aguantat per un metge. Al cap d’un temps et treuran la cadira i sabràs que no tens més opció a acostumar-te a aquesta nova situació. Agafaràs un bastó, de fusta resistent, i podràs caminar, quasi amb tota naturalitat. De vegades, en alguns moments quasi no t’adonaràs que et falla la cama. Tot i això, sempre la recordaràs en els millors moments, sobretot això, recorda-la sempre com una imatge de la millor part d’aquell període.

Potser no és la cama esquerra, però la cadira de rodes es deixa aviat.

16.2.09

Ser en societat

Sóc sord. Sord i mut. És a dir, no em puc comunicar amb ningú pel camp sonor. Encara més, no sé què són els sons. Quina vida més dura em diuen alguns. D’altres em miren fent gestos amb les mans i se’ls hi entristeixen els ulls. No ho entenc, creuen que allò que tenen és el millor. Que la seva vida és perfecta. “Pobret”, pensen alguns. Jo penso, pobres ignorants que no conèixen la felicitat dels silèncis i omplen l’aire de sons per no reconèixer la seva autèntica por al shhh...

Sóc un indigent. Un indigent poc “arreglat”. És a dir, no tinc casa ni lloc on passar la nit. Encara més, a vegades em costa trobar sopar. La gent pel carrer em mira amb cara de fàstic. Em veuen distant i desgraciat. A algú, fins i tot, li sap greu que jo hagi de viure pel carrer. No ho entenc, creuen que allò que tenen és el millor. Que la seva vida és perfecta. “Si pogués viure com tothom” pensen alguns. Jo penso, pobres aquells que es mouen com robots amunt i avall al ritme patètic d’una societat dictatorial, que han de fer mans i mànigues per comprar un cotxe d’envejar. Que només vegin el camí imposat per algú...

Sóc...

16.1.09

Setmana

Fa exactament set dies i vuit hores vaig anar a la meva visita amb el doctor. Ell, molt amablament, em va fer seure en una cadira de pell negre i em va donar un paquet de clinex, sense que jo li donés la menor importància. Em va fer un petit monòleg de la vida que va durar uns vint minuts i després em va donar la notícia: li queda una setmana de vida, bé, ara una setmana menys vint minuts. Vaig agafar els clinex i li vaig tirar pel cap, m’havia robat! A més dels dos-cents euros en probes, m’havia robat vint minuts! Tornant cap a casa el món es capgiraba i es feia immens als meus ulls, m’havia tornat com un nen arrugat, com una pera podrida en l’arbre. Tot eren preguntes, així que vaig decidir buscar respostes en una gran llibreria on tenen de tot. Allà, amb cara trista, em van recomenar la secció d’autoajuda on vaig trobar: “Què fer si saps que et mors en set dies” d’un autor desconegut per a mi. Amb aquest llibre a la mà ja em sentia més recomfortat i em vaig passar els tres següents dies llegint-lo. Em deia que no havia de llençar-me pel camí de la follia, havia de continuar fent la vida normal, la que omple a la persona: anar a treballar, posar-te les sabatilles quan arribes a casa, agafar una cervesa light per controlar la panxa... D’aquesta lectura només en vaig poder treure una conclusió clara: els llibres d’auto-ajuda només serveixen per alimentar als àcars. Anar a treballar? Aquell autor no hi tocava, veure “light”? Amb tot ja havia perdut tres dies. Vaig agafar la jaqueta i vaig sortir esperitat de casa, però la veïna va ser més ràpida. Aquella dona d’uns vuitanta anys amb olleres de pasta i arrugues de silicona em va dir que li sabia greu. Li sabia greu? Com ho podia saber ella, si jo encara no havia dit res a ningú? No sé de què em vaig esperverar, jo sempre he sigut dels que creu en els poders de les veines per descobrir les trames més ocultes possibles. Així que em va tenir fins que es feu fosc parlant amb ella, del seu difunt marit, del periquito que es morí la setmana passada i de que n’és de trista la vida. Per un estrany miracle de la naturalesa la dona callà sobtadament i em tanca fora de casa seva. Vaig anar al bar de la cantonada, on encara no havia entrat mai (mai m’havia agradat l’alcohol) i em vaig demanar un doble wiskhy, la única beguda que coneixia. Em vaig aguantar fins al quart, llavors no vaig poder més i ho vaig deixar anar tot per sobre la barra. El cambrer, molest, em feu fora. Dels dos següents dies no en recordo gaire res, només imatges borroses de noies nues, de nois nus, llums de colors, pastilles fluorescents, animals xerrameques... tampoc vaig voler forçar la memòria no fos cas que em morís de l’espant. Ja era al sisè dia, el dia de la necessitat de redempció. Em venien al cap successos dels quals jo era el culpable i mai ningú ho havia sapigut. Vaig agafar l’agenda telefònica i vaig començar amb l’Oriol. No l’Oriol no que ja s’ho mereixia, amb en JosepAntoni, no aquest tampoc... el tenia! Comencí amb en Joan Manel, em va agafar el telèfon aparentment content de sentir la meva veu i li vaig confessar tot: havia sigut jo qui, als deu anys m’havia deixat la gàvia del seu canari oberta i, així, havia provocat el seu atropellament. Quan em va perdonar em vaig sentir més bé. Vaig continuar amb una llista massa llarga per a ser explicada de crims que les meves mans havien causat. Vaig acabar de nit i degut al meu cansament vaig preferir anar a dormir i preparar-me pel demà, el dia.

Així que ha cantat el primer gall m’he aixecat i després d’afeitar-me i dutxar-me, m’he posat el trajo més maco de l’armari, un de tall italia amb ratlleta fina, elegant, però modern; acompanyat d’una corbata taronja i unes sabates de xarol negre. He encès vuitanta-dues espelmes: la meva edat multiplicada per set dies de vida i dividida per tres (perquè no tenia tantes espelmes); i m’he estirat a terra mirant el sostre i esperant que arribés l’hora marcada. M’he quedat adormit i m’he despertat amb el telèfon. Era el doctor que em preguntava si ja m’havia mort, no m’he mort, doncs no ho fagis perquè ens hem equivocat, no t’has de morir. Però ja ha sigut massa tard, les espelmes han encès el mantell blanc de sobre la taula i aquesta ha pres foc, en un instant ha estat tot l’edifici en flames i jo he sigut transportat en aquesta comisaria de policies on m’heu dit que escrigui exactament el que ha passat.

11.1.09

taller 01!

Aquestes són les meves propostes. Encara no tinc suicidis :/

CRÍMENES

Quería dar el gran salto, decía. Yo sólo le di un empujoncito.

Llamándose Eutanasio...

Se metió debajo de mi coche. Saqué la cabeza por la ventanilla para preguntar si estaba bien, pero en lugar de contestarme soltó unos reniegos incomprensibles en voz baja. Me pareció tan maleducado que no pude evitar dar marcha atrás.

EPITAFIOS

Del enterrador. Cuidado con el hoyo.

Del exigente. Dije petunias.

Del programador.

Explosión vital

Había empezado con un día de derrota y ya hacía cuatro años que cedía ante la vida. Dos años y medio desde que su padre había muerto. Los primeros días valoró la posibilidad de enfrentarse de nuevo a ella, pero se fue olvidando de eso a medida que se convertía en un hikikomori más, por miedo a ser un hikikomori más.
A diario, en la pequeña celda de su habitación dejaba pasar las horas con actitud mortecina. Dormía por el día mientras varios aparatos de vhs enregistraban la sesgada realidad que ofrecían los canales de televisión. Por la noche despegaba la cabeza de la almohada y comía parte de lo que su madre, ya anciana, le había dejado al lado de la puerta; entretanto sus ojos rasgados conectaban ilusoriamente con la vida, con cierto retraso y tras el amparo del mando a distancia.
Un día no hubo comida. Llamó a su madre pero nadie contestó. Dio sus dos primeros pasos fuera de la habitación con obligada valentía y le pareció que ya nunca más podría dejar de darlos.

9.1.09

Implosión vital

Ver mundo era su vida. Su ser insaciable le empujaba a ello. Pese a su edad, ya había captado la intensidad especiada de los olores y las gentes del medio oriente, se había levantado bajo el cielo multicolor de las madrugadas islandesas y había masticado su aire fresco; conocía el enorme corazón de África y de sus filosofías naturalistas, así como el de la India y el poderoso estoicismo de sus habitantes. Podía constatar las extrañezas de la fauna australiana y jactarse de conocer sus paraísos desiertos. Había recorrido desde la crudeza original de Alaska hasta la misma alma de Gaia en la vigorosa e implacable amazonia.
Un día, hojeando viejos álbumes, le pareció que su vida era sólo el cómputo de sus huidas de ésta.

4.1.09

Me voy, viento...

“Me voy, viento, porque ya no me escuchas.
¿Y tú, luna? ¿Me has oído alguna vez?
¿Y vosotras nubes? ¡No huyáis, no!
Estrellas, de verdad, brilláis como mentiras.

Me voy, viento, a una tierra árida,
a la llana imposible, por el camino angosto.
¿Luna? Sé que aquí sólo hay una;
encontraré otra de color azul,
porque tú, siendo blanca, no eras pura.
─¿Quizás no eras blanca…?─.

Me voy, viento, porque el aguacero de esta noche
ha escondido el cantar de la luna,
sí, la que de tan hermosa se ha vuelto insípida.
Me voy, viento, a correr con el aire suave,
¡espérame, brisa!”



Samantha, 28 Diciembre de 2011.
PD: Sigo con el librito de "Samantha"... Este es un capitulito parentético. Va después de aquel de las burbujas que colgué.

3.1.09

Punt i coma

En Carles amb prou feines podia mantenir l'esforç de tenir l'Helena a casa. Ja duia set mesos treballant en petits projectes que anava pescant, invertint-hi hores a casa després de la seva jornada habitual a l'oficina. Tenir la infermera a casa aquelles vuit hores en què ell no hi era el desgastava no només econòmicament. Veure-la, immòbil, intubada amb la glucosa, el desanimava una mica més. No era sino per alguns records gravats a la seva memòria que cada dia es calçava la vida a l'espatlla per seguir empenyent.
Recordava una nit d'estiu que es van passar parlant i fent l'amor. De costat, ella el mirava i ell la resseguia amb els dits. Havien anat inflant el seu univers fins a ser-ne els amos inapel·lables. Ell va somriure quan ella va dir-ho en veu alta: podien aconseguir el que volguessin. Ja a trenc d'alba es van adormir en un petó. Als seus somnis, la va veure caminar a la vora del mar amb els pantalons arromangats i les sandàlies a una mà, ell anava també descalç per la sorra humida. Es va veure a si mateix arrencar a córrer per esquitxar-la amb les gambades i entrar a l'aigua fins als genolls. Ella s'hi va acostar i van anar entrant-hi a estrabades, vestits. Van estar jugant, mentre la roba surava, fins a l'hora de pondre's el sol. Quan sortien de l'aigua, per culpa del vent malgirat van haver de correr al recer d'una barca tombada. Se'ls va fer fosc. Tenien la roba humida i començaven a agafar fred. Ella tremolava. Tenia les puntes dels cabells encara molles. Li va donar un petó a la galta. Ell se la mirava quan es va posar d'empeus i es va treure la roba mentre donava algunes passes. Va mirar enrere somrient, va convidar-lo amb la mà. L'aigua era negra amb fils d'escuma. S'hi va mullar els peus i ell es va aixecar, sense dir res, per seguir-li el joc. Es van mirar llargament i ella s'hi va capbussar. Ell es va atançar a l'aigua i en notar-la freda sota els peus va aturar-se. Es va veure a la vora del mar, quiet, atemorit davant la fosca enormitat; ella s'allunyava nedant, girant-se a estones, fins a desaparéixer en el negre.
Va aconseguir el que va voler per primer cop. I això feia al Carles, en el fons, inesgotable. No es deixava ni tan sols preguntar-se el perquè, qui era ell per dubtar que l'Helena sortiria del coma auto-induït.

2.1.09

A-bocajarro



Mientras creábamos portadas para la edición del número 1 de la revista del blog hay quien se entretenía haciendo fotos a tipos móviles. Ésta es una pequeña muestra con escasas pretensiones, a bocajarro.

Sr. Bocajarro Dixit

31.12.08

A tiempo

Aunque a sus amigos les había dicho que así se ahorraba hacer cola, que estuviera en la lavandería a medianoche y el último día del año tenía razones más hondas que se guardaba para él. Le habría gustado que lo que para el resto era un día especial lo fuera para él también. Esa noche podría haber sido un cuento de hadas de hoy, una película de Isabel Coixet. Habría estado sentado en la fila de asientos que estaba de espaldas a la de ella y en un momento dado ella habría emergido del libro que leía y se habrían besado sin mediar palabra, mecidos por el ruido de las máquinas girando. Que ella estuviera allí habría significado que no sólo él pensaba como lo hacía. Estaba sencillamente solo.
Metió la camiseta de The dark side of the moon en la lavadora de dieciséis quilos y la puso en marcha con el programa más largo. Se sentó y, aunque había decidido no emborracharse, dio un trago de la petaca. Tardó ciento dieciséis minutos en hacer esas dos cosas. Le pareció lo mismo que tú has tardado en leerlo. El cimbreo se había parado. Sacó la única prenda de la máquina y la metió en otra para secarla. Aunque no se lo parecía, eran las dos. Dio otro sorbo y se quedó de pie durante unos instantes de duda que resolvió saliendo del local. Con paso despreocupado pero buen ritmo llegó a su apartamento, entró hasta la cocina, abrió la nevera y cogió un racimo. Se incorporó: la camiseta. De camino a la lavandería arrancó doce uvas y se las metió de un golpe en la boca. El primer mordisco hizo estallar las suficientes para que no pudiera contener la tromba. El zumo de uva le chorreaba barbilla y cuello abajo mientras andaba. Cuando cruzó el umbral de la puerta de la lavandería de nuevo, allí estaba ella. Levantó la cabeza y vio su aspecto dionisíaco. Él levantó el sarmiento sorprendido, obsequiándola ingenuamente con un montón de ramificaciones. Ella cerró el libro y empezó a reír.

A primers d'any

Aquest és el primer conte del taller 01

Crim:

La gent et mira i et diu “bon any!”, “igualment”. No et coneixen, ni tu a ells, però estan contents, per algun motiu inexplicable racionalment i ho mostren així. Tu sempre has sigut d’aquells a qui els nadals els atabala i amb tota la melindrositat que es respira en l’aire t’agafen atacs compolsivament perillosos. Sense anar més lluny la setmana passada quan poc més i li trenques el braç a la pobre àvia que no sabia quin modelet agafar com a regal per a la seva neta, mentre tu esperaves quinze minuts per pagar la bufanda de llana negra. Amb tot això et crees una excusa poc raonable per no haver de fer regals, no hi tinc cap problema, de fet ja no espero res de tu, fa temps que vaig deixar de fer-ho; però que ni tant  sols et fixis en el meu nou conjunt vermell de cap d’any... això si que no ho puc soportar. No te’n he acustat, no val la pena explicar-te les coses, mai n’aprens res. Així, doncs, he esmolat els ganivets amb paciència de metge, per fer-me un bon àpat d’any nou.

Epitafi:

Passa'm a veure quan et vingui bé

30.12.08

Gener

Les coses que em fan por
venen a mi amuntegades
com mongetes ennuegades
en una conserva seminal.

Qui mana la vista i la oïda
i la vida que miren i escolten?
Hi ha vida quan tanquen i dormen
i deixen manar a l'univers?

I l'altra que parla i no calla
que sap i re-sap i es creu i pretén
fer creure que sóc i no sóc a la gent
mostrant una vista que perd el present?

Les coses que estimo
venen a mi amuntegades
com pètals de bell ametller
en plena rosada de gener.

29.12.08

Calaix de sastre

He estat uns dies incomunicat i ara que tenia un petit escrit he trobat un foradet que donava internet. És curiós que s'assembla molt a l'últim text de l'albert.Així, em sumo a tu i a la mei amb aquesta estranya sensació de... psé...
Bon cap d'any a tots macos! :*

És absurda la manera en què els arguments de contes em persegueixen. Se m'acudeixen i acumulen sense ordre ni sovint gaire motiu (ni per a una cosa ni per l'altra). Potser és per la mandra d'escriure un conte força extens per ser merament formal o comercial, on una megacorporació com la cocacola decideix afegir a la seva fórmula universalment secreta un nou ingredient hipnòtic i sedant que la converteix en el nou gran germà. D'altres vegades tinc una frase que em sembla genial però que no defineix de cap manera com continuar i es queda en un rampell literari més, com ara que pensava que era possible això d'enamorar-te amb un petó com els de Clark Gable, però ja no sé si és que no s'hi assemblen o que no t'impresionen. De vegades arriba una gran idea sintètica, impossible de descomprimir, i tot i que l'apunto, el meu petit orgull em diu que és massa curta, o massa fluixa o massa qualsevol cosa, com ara que ets anatòmicament quasi quasi perfecte i només et faltaria una lobotomia. No gaires cops, però si alguns, arriba una idea en forma d'aforisme i que desestimo desenvolupar per creure en l'egotisme com una forma del no res, com la mania que tinc a que s'allargui el moment entre que algú amb presses et proposa de marxar i tu esperes llargament disposat a que realment vulgui fer-ho. Fins i tot hi ha vegades en què una idea es queda a boxes perquè és només el trasfons, la moral•lina que el meu petit demagog vol inculcar, però que cal escriure ferragosament dues o tres-centes pàgines d'imperceptible seducció i explicació per tal que algú se la cregui, com ara que tot el que és humà és discutible. Potser una idea tan complexe, que el meu afany titlla de simple un cop escrita, com ara que invariablement les persones són o cadenats o claus, i que si això és absurd ets de les primeres i si no de les segones.
Aquestes són en definitiva algunes de les maneres en què centenears de protocontes van caient en forma de paperot al meu calaix de sastre. Podria semblar mandrós, alguns dirien pretenciós, perfeccionista, o mil adjectius més i jo hauria estat d'acord. Vaig tenir, però, una d'aquelles borratxelleres llúcides: és només que el dia en què les meves paraules perdin el valor que jo els hi atorgo no tindré res.

28.12.08

Taller 01

Aquesta és la primera proposta de taller que es fa en el blog. Parlant vam comentar que estaria bé proposar "metes" per escriure amb una necessitat o cap a un camí i, així, treballar no només la creativitat amb tota llibertat. 
El tió màgic va fer un pet i va treure "Crimenes ejemplares" de Max Aub (edició de "micromundos" amb un acabat impecable). Aquest és un recull de crims dividits en tres apartats (realment n'hi ha 4, però un no el trobo encertat pel "taller"): Crímenes, Suicidios i Epitafios. A continuació escric un parell d'exemples de cada.

CRÍMENES

-¡Antes muerta!- me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto!

***

Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite.

***

¡Que se declare en huelga ahora!

***

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

SUICIDIOS

«Me suicido por ver la cara que pondrá Lupe, su mamá y el lechero»

***

Llámanlo el sueño eterno. Como padezco horriblemente de insomnio, pruebo.

EPITAFIOS

De un resignado:
Siempre abajo, no le cogió de nuevo.

***

De un imbécil:
A todo dijo que si

TALLER:
La meva proposta és escriure un de cada (si en son més cap problema) amb l'estil propi!!


27.12.08

De matinada

De matinada somnio

De matinada faig l’amor amb ella

De matinada em curo l’espant del dia

De matinada faig rodar el cap

De matinada em faig amic del vi

De matinada planejo dies que vindran

De matinada jugo amb la mà

De matinada no dormo mai

De matinada fins i tot volo

De matinada sóc un altre

De matinada escric versos inútils

De matinada l’enganyo amb altres

De matinada em faig sonàmbul

De matinada menjo galetes d’amagat

De matinada ric amb el doblatge porno

De matinada fumo a tort i a dret

De matinada menteixo el meu cap

De matinada no dono explicacions

De matinada ballo dansa contemporànea

De matinada jugo amb osets de peluix

De matinada em mossego les ungles dels peus

Però, tot acaba amb fum quan arriba el matí?           

 

24.12.08

No sé que escriure-hi aquí...

Llegeixo i llegeixo, però no sóc capaç d’escriure res. Estic en un estat en falta de creativitat, és més, fins i tot em costa parafrassejar. Ara recordo amb ulls d’enyor els antics escrits. El primer de tots era divertit i innocent, el protagonista era un noi jove (com jo en el seu moment) que creia ser de mart i s’embolicava amb papers de plata... ni tant sols jo vaig acabar descobrint si era realment extraterrestre. El segon, o tercer, era d’una puta (en aquell moment em fascinava el món economicosexual), la pobra ho passava malament fins que troba un home, però aquest home té una dona i la puta no li vol fer mal i l’home tampoc i... pufff telenovel·la de diumenge tarda. En el següent l’home s’enamorava del seu gendre, un nano de tretze anys que ni tant sols tenia pèl al pit; la seva filla no veia res i estava content que el seu pare es portés tant bé... tot acabant com el rosari de l’Aurora. El de després va ser el d’un home que no trobava casa seva i aquesta es movia en cap a direccions contràries d’on es movia ell i aquest no aconseguia veure mai a la seva dona ni al seu fill. Era bò aquest, llàstima que ara ni tant sols puc teclejar en l’ordinador, tot i que em moro de ganes d’esciure.

Neguit

Estic aburrit i escric,
però noto molt bé el neguit.
La cama se'm mou de nit,
el pit se m'estreny atemorit.

Sabent que tot es inventat,
té collons no tenir-ho controlat.
Però no son tant sols instruccions,
el que cal per saber-se afortunat.

Diu el mestre al jove deixeple,
"Si ho saps tot, com vols aprendre?"
Detecto a l'instant un desig,
deixar ja de viure en un clitxé.

Prou de culpes, de penes i condemnes,
ja tinc prou amb triar el més correcte.
I si fallo, em disculpo i ric,
no sóc més que un nen amb barba i abric.

23.12.08

Samantha III



Necesito un refugio
Un lugar en el alma
Que me quite mis penas
Y devuelva la calma.

Samantha, 16/XII/2011


En la ciudad las burbujas se acaban haciendo enormes. Me refiero a ese espacio vital, personal, con el intento de ser intocable… pero cuando alguien se acerca, cuando alguien intenta ensuciarte con sus garras, deja de ser impenetrable. También sucede a veces, con el amor, que alguien inserta su gota de pasión dentro de nuestras bombas de aire. Y parece que nos abrimos. ¿De verdad nos abrimos?

─¿Qué piensas?
─Nada especial. ─Las imágenes mentales de Samantha le recorrían todo el cerebro, íntegramente, parte por parte.
─¿De verdad? Dímelo, puedes confiar en mí.
─No, en serio, tengo la mente en blanco. ─Y las palabras mudas de Samantha le agobiaban en su mente. Confiaba en Jairo, sí, ella creía que sí, pero él nunca llegó a saber qué le atormentaba a su amante.

¿De verdad nos abrimos? ¿Nos abrimos cuando tomamos una cerveza, tranquilamente en una terraza de un bar con nuestros compañeros más cercanos? ¡No, siempre no! A veces incluso le explicamos más a un desconocido o al que nos sujeta borrachos en la barra de un bar.

─Si te agobio dímelo, es que he bebido demasiado y estoy pesado.
─No, no, no te preocupes. ─Todos sabemos que mentimos. ¿Por qué nos dará apuro decirle a alguien que se calle? ¿Nos da miedo? Seguro que él que nos explica sus batallas no nos escucharía si fuese al revés.

¿De verdad nos abrimos? ¿Pero a quién nos abrimos? En la ciudad, la burbuja se hace tan grande… Si alguien nos mira por la calle nos parece extraño, pero nosotros lo hacemos constantemente. Disimulando, sí, pero miramos a las personas. Y no es de extrañar, es bastante lógico: somos humanos, por ende, curiosos y cuando vemos a alguien que nos gusta o que es horriblemente feo le miramos, o si alguien parece diferente también. ¿Qué sentido tiene no mirarse? No miramos lo que nos parece indiferente.

─No señales, que está mal. ─Le decía la madre al niño.
Y el crío seguía señalando.
─No señales ─Le decía ya la hermana.
─¿Por qué?
─Está mal.
─¿Y por qué?
─No señales y punto. (No sé siquiera el porqué).

Quizás es mejor no sacar la mirada de los escaparates para ver durante el trayecto entero lo hermosos que somos. ¿De verdad somos tan guapos? No me imagino otro animal prestando atención al reflejo de algo para creerse bonito. No nos vayamos tan lejos: ¿Cómo reacciona un niño la primera vez que se reconoce al espejo?

Sí, nuestras burbujas, nuestras corazas se engrandecen en la ciudad y nuestros corazones se empequeñecen día tras día, como los sentimientos que se esconden dentro de estos. Claro, ahora el corazón sólo bombea, ya no palpita de amor: nuestro cerebro lo hace por él. Es de esperar, el corazón no es gris como la ciudad.

─¿Por qué los edificios son de colores y la carretera es gris? ¿De qué color es el cemento?
─Es gris, Samantha.
─Ah, por eso la ciudad es tan tristemente grisácea. ¿Y no podrían pintar el suelo, igual que los edificios? Aunque claro, relacionar el gris con la tristeza debe ser algo cultural, que no innato…

20.12.08

L'únic que us fà por

Últimament ja no hi ha pobres,
només gent amb un creixement negatiu.
També s'han acabat les guerres,
ara hi ha intervencions de caire preventiu.

Varen passar a l'historia la gent d'idees pròpies,
ara s'en diu inadaptats, rebels i també terroristes.
I per fi ha desaparegut la retallada de drets individuals,
ara s'en diu control de seguretat per raons d'estat.

Vivim en llibertat absoluta,
sempre que t'ajustis a la llei,
Ets lliure de fer el que vulguis,
sempre que no utilitzis gaire el pensament.

És bonic viure en aquesta societat,
on la diferencia es un pecat,
on algú ha emmordassat la llibertat
i diu en boca d'ella que tot es en pro de la seguretat.

Podeu anar a prendre vent amb els vostres diaris,
una mentida repetida mil cops pot ser creguda,
però només per aquells que no creuen en la veritat,
aquells pobres infeliços que mai l'han volguda.

Podeu manipular el llenguatge i prostituir la paraula,
i jo mica en mica aniré deixant d'usar-la,
per que el més essencial mai passa pel cap,
el més crucial és mut i sempre resta callat.

Podeu creure que un polític cambiarà les coses,
escoltareu que farà grans obres,
i si es prou elegant i amable,
el creureu mentres us buida la butxaca.

De veritat miro el món i penso,
com podem estar en aquesta mentida tant immersos?
Que encara no han passat prous anys,
per començar a cremar diaris i a llegir versos?

La veritat sempre va ésser part de l'art,
que menteix per retratar-la,
i vosaltres preteneu vendre'l com a curiositat,
mentre manipuleu en massa a la societat.

Des de que vas a l'escola,
fins que et vens l'anima a un banc,
tot ha estat dissenyat amb gran cura,
per que acabis devent tres vides a la usura.

Però no tinc cap por avui,
la veritat es com l'oli,
ja hi pots tirar aigua bruta,
acaba sortint a la superfície.

Però no tinc cap por avui,
que crec que es l'únic que us fà por.
Un poble sense por es autònom,
i un poble autònom es busca a si mateix.