31.5.10

Mentiras.

Y dejó caer su moneda como, de pequeño, tiras un papel al suelo sin que te vea tu madre. La moneda giró indecisa rozando la constelación de manchas que decoraban las baldosas, entre los pies de la multitud, hasta que cesó su giro reposando sobre su cara. Para entonces él ya estaba de espaldas.
Años más tarde, para la pregunta del barquero sólo había una respuesta:
-No. No tengo un amor. Aposté una vez pero...

Certezas

Tengo la certeza de la última vez que lo comprobé,
yo era yo, y tú, tú eras tú.