18.1.10

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Noviembre siempre quiso ser Agosto, envidiaba la felicidad de sol y playa que éste proporcionaba a las gentes, sin distinguir clases sociales ni el color de las pieles.
Olvidó que en él también se puede descubrir la felicidad, porque si las buscas, puedes ser feliz cada día del año. Paseando por un parque, amaneciendo junto a canciones sin título, cuando Noviembre va perdiendo ya su nombre y las noches se adelantan puedes descubrir que bajo la timidez de árboles desnudos y pisando hojas húmedas por la lluvia de la noche anterior, existen miles de nidos de pájaros dispuestos con una arbitrariedad aparente, poblando los árboles masificados de ramas sin ropa, tronquitos perfectamente alineados, situados estratégicamente y con ilusión de cumplir la misión de crear un hogar digno para una familia de petirrojos, alondras o cardenales.
Las calles se visten de gala y consumismo, esperando que llegue Diciembre, que nos brinda la oportunidad de volver a ver a nuestros seres más queridos, celebrando lo más parecido a una amnistía internacional, donde hasta el que no cree, cree y vuelve a casa, aunque sólo sea para hacer feliz a los suyos. Noviembre no es la sombra de Diciembre ni la de cualquier otro mes, pues el que busca seguro que encuentra, el que quiere también se puede enamorar, el que escucha seguro que aprende, el que no llora no mama y el que muere es recordado como en cualquier otra época del año.

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