Intercambiaron sus miradas en el preciso instante en que sus dos trenes se cruzaron en la estación de 's-Hertogenbosch. Dos rumbos opuestos, dos vidas tan parecidas y a la vez, tan distantes.
Ella dejó pasar los días apeada en su estación y por mucho que lo recordaba, nunca volvió a ver su sonrisa.
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